Niño Preescolar

La espiritualidad... también es cuestión de niños

Como padres, siempre abogamos por niños cada vez más independientes, que sean capaces de tomar sus propias decisiones: lo que quieren ser cuando sean grandes, qué deporte jugar o qué instrumento tocar, el color que más le gusta, etc. Pero en la dimensión espiritual, ¿debemos transmitirles a los hijos nuestras creencias?

La persona humana está compuesta por cinco dimensiones principales: la psíquica, física, social, afectiva y la espiritual. Según el Dr. Juan Fernando Gómez, Pediatra y profesor de la Universidad de Antioquia, la dimensión espiritual se refiere a aquellos aspectos de la vida humana relacionados con experiencias que trascienden los fenómenos sensoriales. Este aspecto espiritual de la vida puede considerarse como elemento que agrupa los aspectos físico, psicológico y social de la persona; relaciona al individuo con el mundo, le da un significado y sentido a la existencia y establece un puente común entre las personas. Un sabio proverbio chino dice que “nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu”.

Indistintamente la religión o las creencias espirituales que profese uno o ambos padres, la espiritualidad crea en los pequeños actitudes no superficiales ni pasajeras, de felicidad, armonía, bien común, amor a los demás y alegría por vivir. Es por esto, que debe irse adentrando al niño poco a poco en esta dimensión, aunque para ellos sea aburrida o difícil de entender.

La mejor maneja de educar a nuestros niños en este aspecto es a través del EJEMPLO. Los niños son como esponjas, no solo que absorben sino que internalizan la información que reciben para decodificarlas. Las situaciones, conversaciones y todo lo que ocurre a su alrededor van moldeando su carácter. El ejemplo arrastra y más aún cuando está fundamentado en el ser y en el hacer, más que en el decir.

Muchos padres creen, de manera errónea, que no deben a temprana edad encaminar a sus hijos en alguna orientación de tipo espiritual o religiosa afirmando que esperarán a que el niño esté en edad de decidirlo por sí solo. No debemos diferir la educación espiritual o religiosa a un hijo dejándolo a su propia deliberación “cuando tenga edad para decidir” ya que si la adecuada orientación espiritual no está presente durante el proceso de su crecimiento, cuando el niño la conozca será algo extraño para él y como ha crecido sin ella tendrá el concepto de que no es necesaria.

Si has tomado la decisión de educar a tu hijo en el aspecto espiritual, toma nota de estos elementos:

  • Que la espiritualidad forme parte de su vida cotidiana. Enséñale, en acciones del día a día, como se puede ser honesto, amable y agradecido.
  • Crear confianza con el niño. La confianza se relaciona con la fe religiosa, pues la fe es fundamentalmente confiar y creer en aquello que no se ve. Es en la base de la confianza donde el ser humano se sostiene espiritualmente permitiéndole enfrentar las situaciones y frustraciones que se les puede presentar en su vida.
  • Fomentar la libertad. La libertad debe estar presente en un hogar espiritual, permitiéndole al niño expresar sus opiniones, ideas, hacer preguntas y manifestar dudas acerca de cuestiones espirituales.
  • Muéstrele que la vida tiene un sentido; que son importantes y que tienen valores. Esto les ayudará a ser hombres y mujeres capaces de aceptarse y aceptar a los demás.
  • Enséñele a vivir valores como la generosidad, la verdad, la tolerancia, etc.
  • Si asistes a una Iglesia o centro religioso y quieres que tus hijos sigan tu ejemplo, debes estar consciente que al principio podrás tener resistencia para acompañarte. Debes tener paciencia. Buscarle actividades en el lugar propios para su edad.
  • Escuche a sus hijos. Permita que le hagan preguntas. Se sorprenderá de todo lo que usted puede aprender también.
  • Nuestros hijos de adultos serán más capaces de superar e incluso ser transformados por las adversidades que se les presenten, cuando tienen algo o alguien en quien creer firmemente, que le dé sentido y significado profundo a la lucha y a la existencia misma.

Recuerda: Lo que como padres hagamos para desarrollar el aspecto espiritual de nuestros hijos, se convertirá en una mejor calidad de vida no sólo de ellos sino también de quienes conviven con ellos.

 

Fuentes:

º La dimensión espiritual en los niños: su desarrollo y fortalecimiento. Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez

º Espiritulidad en los niños. Martha I. Muñoz L.